La manta de dos caras Dios y Diablo

Las noches de invierno eran largas y oscuras, antaño, en casa se disfrutaba de pocas comodidades. Los vapores y gases de la cocina, al condensarse el vapor del agua, se acumulaba en el techo de la cocina y se expandía a la pequeña salita de estar. La sala contaba con escueto mobiliario: Una mesa redonda, a su alrededor cinco sillas, la pared principal la presidía la vieja máquina de coser de la abuela Pepa Luisa, una pequeña vitrina  de madera, de color oscuro, donde guardaba mi madre los cereales, las galletas,el pan, y también guarda la vajilla, vasos y las cosas más valiosas que poseía mi familia.

Recuerdo; como del techo se resbalaban  gotas de agua, que al enfriarse los gases de la combustión del carbón vegetal, y el vapor de la cocción de los alimentos al fuego del anafe, producía un cordón de finas gotas de agua, se extendía por el techo de uralita encalada, como si fuera un rosario de perlas blancas y transparentes. Un cordón de finas gotas de agua, que cuando se calentaba al calor de la estufa de cisco picón, las gotas se derramaba lentamente, una a una iba cayendo sobre todos los habitantes de la casa. Caía sobre nuestras cabezas, con la sensación de la gota fría, insistentemente caían sobre nuestros cuerpos. De la cabeza resbalan, las gotas de fría agua sobre los hombros y, en poco teníamos toda la espalda empapada, y tocaba retirada, mi madre, siempre que podía, nos acostaba antes de que las gotas se desprendieran del techo sobre nosotros. El frío, la humedad de la casa hacía que nos sintiéramos incómodos.

Mi madre, nos reconfortaba con sus cuentos y relatos. En la infancia el tiempo fluye de otro modo, y las cosas se ven de otra manera, incluso nuestra humilde choza, podía parecernos ¡un grandioso castillo! que aparecía de noche y desaparecía al alba.

La noche, que las hadas toca la puerta, se entra en un circulo y se cruza una puerta secreta y, nos hace entrar en otros mundos ocultos y desconocidos a nuestros ojos. Las hadas pronuncian poderosos encantamientos para volver invisibles sus maravillas, y al alba desaparecen y, con ellas el grandioso castillo de la luna azul.

Algunas mañanas queda el recuerdo de las hadas, un anillo en el dedo, unas flores en el pelo, las sombras de un jardín secreto, donde podemos ver largas e inmensas praderas, cubiertas de alta y fina hierba, altos bosques de olmos, cascadas de agua azulada, paisaje cubierto de fauna y flora celestial, inexplicable mundo, donde puebla un desierto de colinas rojas, donde es peligroso aventurarse, y se baja,descendiendo por por un tobogán en forma de espiral.

Al amanecer, queda el recuerdo de sueños encantados, solo, a la luz de la luna azul. Sólo entonces aparecían las hadas, y con ellas su castillo encantado.

Estos seres, no siempre fueron bienvenidos, porque, también se colaban duendes y duendecillos, trasgos y espectros blanquecinos.

Para que comprendais un poco, mi hogar, la choza de mis abuelos, estaba edificada sobre el suelo de un antiguo cementerio monacal, y por aquella época estaba con mucho movimiento, con muchos misterios por descubrir.

En el universo, nada está quieto, hasta la materia más pesada está en constante movimiento. las móviles y nómadas dunas de arena del Coto Doñana, está formada por millones de átomos y de electrones que se mantiene en acelerado movimiento. Y el mar, los océanos, las mismas dunas se mueve a lomos del planeta, que nos lleva a través del universo a velocidades insospechadas.

Nada está inerte, nada está quieto en el universo, y sin embargo, nada se mueve, todo permanece en el filo del abismo de la creación y la muerte y del nacimiento del ser y no ser. Todo está en el mismo lugar que ha estado siempre, todo está contenido en eterno presente. El tiempo y el espacio que giran alrededor del ser no son más que una ilusión de movimientos y, en esa ilusión las cosas se transforman con tal fuerza que nos saca del ojo del huracán del universo.

La magia es eso, nada más, y así se manifiesta de manera clara y abierta. Una sola frase, nos puede sacar del infierno y elevarnos a las cumbres más altas, a los mismos cielos……………………….

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “La manta de dos caras Dios y Diablo

  1. Todos conocemos desde niños la famosa varita mágica de las hadas, que es la misma varita que la de los << actuales. Pero no hay nada nuevo bajo el sol, y nada sale de la nada: la varita mágica de las hadas de cuento y la del prestidigitador televisivo tienen el mismo poder y valor simbólicos: son la prolongación de la <>, del poder del hombre más allá de su fuerza física. E, históricamente, tienen también un origen común: las varilla rúnicas, es decir, las ramitas en las que se escribían los conjuros con signos secretos, como los de las runas. La varita de avellano es muy preciada por magos y brujas. Abracadabra. O lo que es igual : Soy lo que digo. El poder de la palabra es inmenso, por eso hemos de cuidar lo que hablamos, pensamos y sentimos. Todas estas cosas que hoy parecen nuevas:<<Números Sagradas, palabras Sagradas,etc…Todas estas cosas nacieron en épocas remotas de la historia. algo nos sigue impulsando a cifrar en imágenes nuestros deseos, como si sintiésemos que eso los puede hacer más próximos, como escribirlos o pintarlos propiciase su acercamiento a la esfera de lo real. Pienso lo que sentí en esos instantes, la última vez que mi abuelo Perico me dio un beso. Una se asusta, de ver el mundo de hoy, sin afecto y tan alocado, girando en su esfera, y, yo, esperando, que mi suerte cambie, y la de los demás.Según algunos estudiosos, algunos gestos ahora considerados netamente cristianos, como las persignaciones, las bendiciones, etc…,no se hicieron jamás en la época de Cristo, pero eran tan habituales entre los<> que los evangelizadores se vieron obligados a adoptarlos, ya que si no se hubiesen imitado los ritos de los sacerdotes paganos, los nativos jamás los habrían tomado en serio. Pocas religiones carecen de gestos rituales.¿Pero, cuál es el motivo? Por lo mismo. Se trata de tocar las cosas sin tocarlas, de proyectar nuestra energía mental hacia el exterior. Y la lectura, nos hace vivir como si nos situáramos en la esfera de la realidad. En síntesis, se puede afirmar que las palabras poseen un valor que va mucho más allá de su significado.

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