Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 13º

Después de los abrazos, se saludan, todos, y quedan maravillados con lo que ven. El baúl……………………………..(¿…?) Y es muy interesante lo que sigue……………..

A la mañana siguiente, J. luisa, se levanta temprano, aún están todos dormido. La noche anterior, habían estado hablando y festejando hasta muy tarde, las tías, Flora y Anika, acaban de llegar de América, y cuentan mil historias sin parar, hablan embalada, pasando de un tema a otro, y parece que quedaron cansada, el hombre de la casa había marchado hacía rato a su trabajo.

Con una manzana en la mano, J. Luisa se encamina hacia el interior de Doñana. Va mordisqueando la manzana con mucho apetito. Poco a poco, paso a paso se va adentrando en un paraje  muy separado de su casa, en lo más profundo del bosque de pinos. Asombrada se acerca a un rancho que ve de lejos. Hay una vivienda aislada, no la conocía, y le parecía extraño, que estuviera tan alejada de las demás chozas. Atado a la cerca había un caballo brioso, de color castaño oscuro, que relinchaba despavorido. A lo lejos se dejaba oír, los relinchos del caballo, y, a medida que se iba acercando al rancho. Entre los relinchos del caballo, se oía, el gruñido, los gemidos de un niño o ¿quizás fuera una niña? No lo sabía. Su sorpresa había sido mayúscula, no se esperaba un hogar en aquél pàraje tan apartado de la  aldea, tan solitario. Confiada, entró con toda delicadeza y dulzura, se convirtió en observadora: Vio a la espalda de la choza una niña atada a un árbol seco. Sus rasgos mongólicos, la delataba, una niña <<con Síndrome de Dom>>. De su garganta, salían gruñidos, toses, parecía como si carraspeara, asfixiada por el catarro.

A J. Luisa, se le acelero el corazón, se le seco la garganta, derramo, lagrimas. De nuevo, se oyó el relincho del caballo, luego, su cabeza se giró, la niña hizo un pequeño movimiento, y a continuación alzó la mirada; Su cara sucia, embadurnada de sus excrementos, el hedor era insoportable. La niña estaba sobre la tierra empapada de excrementos y orín, al ver a J. Luisa, se levanta y torpe, avanza, pero la cuerda a la que está atada la retiene. La niña, le dice: unm, unm, muuu( sólo salía gruñidos de su garganta) y sin alzar la mirada,; señala, con suavidad y firmeza a la vez, mostrando, las manos, que las tenía atadas con una cuerda de cáñamo, y a su vez atada al árbol seco que había detrás de la choza. Apenas tenía cuerda para llegar a un sombrajo, que estaba entre la huerta y la choza.

La chica, comenzó a sonreír, aún con su queja, sonreía, mostrando una boca desdentada y sucia. J. Luisa, no la conocía, pero si que había oído hablar a su abuela historias espeluznante a cerca de cómo algunas familias trataban a los seres que tenían algún defecto físico o mental, y en este caso era evidente, que la niña era repudiada de la familia, y al parecer llevaba tiempo apartada y casi abandonada a su suerte. Para su suerte ese día encontró a su ángel guardián.

Rápidamente, se giró, su agilidad mental, su actitud para ir directa y rápidamente al grano la mantenía vigilante. J. Luisa, levantó la vista, asombrada, con los ojos aterrorizados, miró a la niña, aún incrédula, estaba atada al tronco de un árbol seco. En un repugnante lugar, donde era insoportable el hedor de sus propios excrementos y sus orines, no salía, de su asombro. Todo estaba asqueroso, las moscas zumbando alrededor, en un baile incansable. Había excrementos viejo esparcido por todo el suelo: y ella, estaba manchada, sucia, sus manos, y su boca ensuciada de llevarse, una y otra vez los excrementos a su boca.

Con los ojos aterrorizados, siguió, mirando el expelusnante espectaculo que macabramente se abrio ante ella. La niña, sollozaba y gruñía, no sabía articular ninguna palabra, ni siquiera un; ¡ma ma!.

El hedor a su alrededor es sofocante, provocando fatiga: Todos aquellos gritos y gruñidos eran de angustia. La niña se sentó en el suelo; cómo, convencida de que no le ayudaría, su cara ahora se mostraba sonriente y resignada, cómo abandona a su suerte, sin ningún interés, sin pabilo, con un cuajo impresionante. la niña, llevaba puesto unos pantalones de hombre, raído y viejo, de color gris oscuro, una amplia camisa azul, desteñida y vieja, si se veía el yugo y las flechas bordado en color rojo, el hombro y el pecho, descolorida por supuesto. sus pies calzados por unas viejas alpargatas que dejaban descubierto casi todos los dedos, que a su vez dejaba ver unas uñas enroscadas, negras y oscura algo espeluznante, sus cabellos, ralos, alborotado, lleno de un sembrado de liendre y piojos. El cuerpo, debía de estar como los tobillos, y el cuello, cubierto de percólina, >de mubré<.

Se acercó, con tal fuerza a ella,  con tanto amor se abrazó, y se echó a llorar. J. Luisa: Exclamo; ¿Dios mio, como es esto posible? Y al tiempo, le preguntaba ¿ Quien es tu madre y tu padre? la niña, se refugio en los brazos de J. Luisa. Le había estado haciendo preguntas, sobre su madre, su familia y su confusión crecía, la chica sólo gruñía y sollozaba o reía descaradamente. Una sonrisa abierta de ser agradecida.

J. Luisa, no se daba cuenta del verdadero problema. ¿Quien seria los padres? que se habían portado de aquella manera tan detestable.

Quien se podría portar tan mal, con una niña. ¿Quién sería tan detestable monstruo? que tenía atada a una niña al tronco de un árbol seco.

Mientras seguía atendiendo a la niña. le limpio con un trapo, como pudo la boca y las manos, la niña, olía a sepultura, a porqueriza, pobre criatura. El hedor que desprendía hizo vomitar a j. Luisa. Llorando se llevo las manos a la cabeza. Su abuela, a la que había querido tanto, y tanto la quería a ella, contaba historias, de, que, a los niños locos o (……¿..?….) por aquella época y anterior a 1.916 los tenían encerrados en las casa y a algunos los ataban de por vida. Por qué las familias se avergonzaban de ellos. Su orgullo no les permitía, reconocer tales engendros habían salido de ellos. y esta niña, parecía padecer de cierto Sindrome, a la cual sus parientes sentía total rechazo, y es por eso que la tenían en aquellas circunstancia tan penosa.

Dijo sin parar de llorar, Pobre niña, podría haber sido yo misma, o alguna de mis hermanas. Se compadeció de ella tanto, que se dispuso a salir corriendo hacia su casa, sin reparar, que cerca del rancho un hombre le echaba de comer a los cerdos. Volvió sobre sus pasos con serenidad y observó al hombre por unos instante, no resultaba conocido, no era nadie de la aldea de Doñana.

J. Luisa y la niña, se abrazaban, las lagrimas corría por su cara. Después oyó la voz del hombre; alto ¿quien anda ahí? y al tiempo, J. Luisa, se refugia en el bosque de pinos.

Corrió y corrió, hasta llegar desesperadamente a casa, donde su madre, su abuela, se mecían en las butacas, que estaba en el pequeño sombrajo delante de la choza. las tías Aníka y Flora habían bajado a la playa.

Su abuela, lola, se percato del hedor que desprendía J. Luisa, y tomo a Pepita,(como la llamaban en casa) de la mano, pidiendo explicaciones. Moma, Lola, era una mujer de armas tomar, de fuerte carácter, una abuela severa y disciplinada, y no le gustaba las tonterías. Abuela, madre; a una hora de aquí ahí un rancho abandonado, en él hay una niña atada a un árbol. Había un hombre, que echaba de comer a los cerdos, un caballo, si tenía un caballo. Llorando, las lagrimas le corría por la cara; el hombre era grande y fuerte, cubría la cabeza con una mascota negra.

La abuela, Lola, con mucha serenidad le dijo: querida cálmate, tranquila mira, cuentame. Después  de oír a J. Luisa, la abuela comprende cuanto sucedía, y al tiempo que su madre se refugiaba en los brazos de la abuela.

No era la primera vez que se descubría en la aldea algo similar, el caso que contaba j. luisa, por aquella época no era cosa que sorprendiera mucho, pues se solía dar con frecuencia. había gente desaprensiva que se avergonzaba de los hijos disminuidos psíquicos y físicos, y por desgracia, con frecuencia eran abandonados en aldeas perdidas, o encerrados en sus casas en el más absoluto silencio.

La abuela, Lola, corrió, a casa de otros vecinos, buscando ayuda, y fueron muchos a socorrer a la niña. La abuela, la levantó del suelo, se abrazó a ella, con un gran abrazo. la miro, cuando se dio cuenta de quién era se horrorizo. La agarro, de la mano y salió corriendo como un alma en pena. Siempre se hizo muchas preguntas que quedaron sin respuesta. Abuela, ¿y su madre? ¿ y su abuela? ¿y su familia? siempre se hizo muchas preguntas, siempre sin respuesta, silencio y mutismo por respuesta.

¿Que sabían de ella? de la niña de sindrome de Dom, de Anita, que historia encerraba. Porqué la madre y la abuela de J. luisa, se hicieron cargo de ella. La chica, se unió a la familia, como una más, y por lo visto, jamás nadie preguntó por ella.¿ Nadie la echó en falta? Nunca se escuchó, a nadie, que preguntara por ella. Tiene guasa, que por sus rasgos la abandonaron en un lugar perdido en medio de la nada, aislada del mundo.

A menudo olvidamos, en la estructurada sociedad de antaño, el impacto que causaba un ser con dificultades físicas y sensorias.

La vida de esta niña de sindrome de Dom es una historia de terror. que esta tenga un final feliz no la hace menos terrible………

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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