Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 19º

Los niños, y las niñas, casi desnudos, corriendo, por la playa llana y dorada. parecía arenas de oro. Luminosa y espléndidas arenas, brillantes como el diamante. El agua azul celeste, bordaba en la orilla unos flecos de blanco bordado de la espuma de las olas. Pepito, había llegado junto a Ángeles su madre, y sus siete hermanos, vinieron de visita a casa de la abuela Lola. Ängeles está casada con un hermano de la abuela Lola. Pepito, es el má pequeño de los hijos de José y de ängeles y se día ocurrió un hecho que cambiaría sus vidas, para siempre.

Todos los niños, después de comer se habían lanzado sobre las aguas, y Pepito, junto a ellos se adentro en las aguas de la desembocadura del Guadalquivir. Al mar, como así llaman aquí al Océano Atlántico, que es aquí, es ese lugar concreto donde se unen sus aguas: Guadalquivir y Atlántico se unen en uno, sus aguas se mezclan en gran belleza.

Nada de lo que a continuación acontece hace presagiar, lo que ocurre aquél fatídico día de verano, en la playa de Doñana.

A Angeles, no se le ocurrió volver la vista atrás. Nada, podía presagiar lo que aquella triste experiencia le haría sentir. Se le rompió el corazón, y se condenó a una cárcel de miedo e impotencia, su alma se quedó inmersa en la tristeza.

Angeles, vió, como ante sus ojos, la arena se tragaba a su hijo Pepito. Como el fango y los guijarros se tragaba al chiquillo. Grito, en un desierto. Los demás chicos, junto a la abuela Lola, Pepa , María y el Tio Carlos, habían avanzado en la playa, caminando, fueron avanzando hasta un lugar alejado, donde se disponían a coger navajas , berberechos, y con suerte almejas finas y gruesas.

Ángeles, se zambulló en el agua, salió escupiendo, tratando de respirar. Se zambulló, dando brazadas largas y volvía en circulo al lugar donde la arena y el fango se había tragado a su hijo. Ängeles, sabia nadar perfectamente, había aprendido a nadar antes que a andar, antes que gatear ya nadaba.

Ángeles, nado de un lado a otro, para atrás y en círculos. Vió, desaparecer a su hijo, en unos momentos. Lo vio, subir y bajar por tres veces, y ella creyó que el chiquillo jugaba en el agua. Tras varios minutos nadando, se canso, la abandono las fuerzas, se puso de pie en el agua y regreso a la orilla.

Ángeles, vio sorprendida, que el niño se había perdido en las pacificas aguas del mar  Océano. Y observó con espanto cómo Pepito había desaparecido ante sus ojos en un mar de espuma blanca, en unas aguas claras y transparente de color azul celeste.

Ángeles, temblaba, arrecia de frío, se arranco del cuerpo,las enaguas de percal, empapada de agua. Se tiró sobre el suelo. Grito desesperada, echo una mirada en derredor tratando de comprender, porque Pepito, se había perdido en el agua del mar.

Ella suponía que Pepito, estaba seguro. Las aguas en aquellos momentos estaba en calma, solo corría una suave brisa. En aquellos momentos, las olas en la costa corría suavemente, en ningún momento Ángeles vió nada turbulento, ni siquiera una ola agitada, nada salpicaba la orilla.

Mientras el lecho del mar y el río, se había alzado tragando en su fando y guijarros el cuerpo de Pepito. No había ni una ola agitada, todo estaba en calma, y en unos instantes en su lecho desapareció su hijo, Ángeles se alzaba contra la corriente sacando lodo del fondo, se arrodilla, una y otra vez en el manto verde de algas, que cubría la orilla. ängeles, alzaba los brazos, tocando su cabeza, se abraza el cuerpo con sus brazos. Desesperada, grita, solloza y llora en su desesperación.

Más allá; los parientes y los demás niños, junto con María la maestra, juegan entre los majestuosos arboles. Un pino gigantesco cerca de la orilla, les sirve de columpio. Han colgado una cuerda, donde adultos y niños se columpia, llenos de alegría entre risas y bromas se entregan dichosos en su juegos. Todo, ante la mirada atenta de la abuela Lola. Una tapia de pinos débiles, con las raíces descubiertas y debilitadas por la corriente y los rompientes de las olas del mar Océano.

Los ciervos, junto a una piara de jabalíes, pasen tranquilos cerca de ellos, comiendo desperdicios y trozos de pan que le han acercado los niños de la familia.

Ángeles, trató de andar hasta el lugar donde se encontraba el grupo. Al echar a andar, sintió un rumor sordo, que se convirtió en poco, en un estrepitoso rugido aterrador que salió de la garganta de la abuela Lola y de la tía Pepa, al darse cuenta de la desesperación y la desnudez de Ángeles. Desde lo lejo habían visto parte de la escena, se sintieron todos impotentes, y por mucho tiempo culpables. Por la impotencia de no haber podido ayudar al niño y a su madre.

La abuela Lola, en ese día hubiera dado su vida por tener alas. María dio un brinco, y corrió hacia el lugar donde se arrodillaba desesperada ängeles.

Todo el grupo, corrió en sentido al lugar, donde señalaba Ángeles; Ángeles, trató de ponerse de pie, vomitaba asqueada, el estómago se le revolvió, volvió a caer, y cayó sobre la alfombra verde de algas que vestía la orilla de la costa,de un manto espeso y blando, de brillantes destellos se vestía la orilla ese día fatídico del verano de 1.916.

Y volvió, Ángeles a mirar. Al mirar, alejo la vista hasta el río, buscando con la mirada a su hijo Pepito. El esbelto cuerpo de Ángeles, fué balanceado por las manos de Pepa; ¡Madre! ¡Madre! el niño, que es tu hijo.  las dos se abrazan, cayendo por el suelo. María y la abuela Lola se aferró a ellas, y todos se abrazan, desesperadas.

Ángeles, no sabía si el grito que resonaba en sus oídos era de su hijo. los niños y las niñas horrorizados, rugían de dolor, los gritos en sus oídos, se perdían en  el silencio .Ángeles, no podía articular palabra <<se perdió>> se cayó por siempre se perdió en la tristeza más absoluta, jamás levantó cabeza, hasta su muerte vistió luto y vivió en su pena, el resto de sus días aquí en la tierra. Trató de dar explicar: ” Se perdió, se perdió, en un instante, se elevó tres veces, subió y bajó, tres veces y después se lo trago las aguas. Las mujeres arrodilladas en la alfombra de algas, tendían las manos, bajando sus cabezas, boca abajo, sobre la tierra mojada y blanda.

Todas dominadas por el miedo, por no creer la realidad que se imponía ese día trágico.Dominadas por el temor, por la desgracia que acababa de sacudir a la familia.

Los chiquillos, temblaban de frío y de miedo. La abuela se sintió como en un desierto de frío hielo. Grito y oró y nadie me oye. Nadie la oyó. En la apacible orilla del Guadalquivir, en su desembocadura al Océano Atlántico, se perdió, Pepito,las aguas se tragó la vida del niño, y con él las corriente se llevó ese día la magia y la alegría de Ángeles, y de parte de la familia Romero…………….

 

 

 

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