Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 21º

El grupo de vecinos no solo atravesó el río, buscaron más allá de las caños de las marismas, donde el lodo y los guijarros se ensancha y la muralla que levanta los almajos y los juncos hacen una barrera. Que muchos creían que allí podía estar atrapado el niño Pepito.Eran al menos cien personas, entre jóvenes y viejos los hijos de la tierra, aparte, los obreros del aserradero eran no menos de cuarenta personas. Y todos buscaron con ahínco, rastrearon la costa y las aguas palmo a palmo.

Se había unido al grupo los pescadores, que en aquel momento trabajaban en la zona. Alertados por una gran hoguera que ardía en la orilla de Doñana. Fuego que habían encendido con la esperanza, que los de la otra orilla advirtieran lo que ocurría y que necesitaban ayuda. Pronto se movilizaron y unos botes llegaron, en ayuda. En la playa varada había una barca en cuya barca llego Pepito con los vecinos, no se esperaba nadie que llegara Pepito tan fresco, con la serenidad que él sostenía siempre.Se lanzó al agua y nadó con varias brazadas en poco alcanzó  la orilla.

El tío Carlos, se lanzaba, una y otra vez, respiraba y volvía a sumergirse una y otra vez, nadó, desesperado, buceando por los lodos.

El sol se había puesto por el oeste, y ya casi todos habían perdido la esperanza de encontrar a Pepito con vida.

Momá Lola y Ángeles, se abrazan llorando desesperadas.J. Luisa, María la maestra, junto con los niños y algunos vecinos alimentaban la hoguera, que cada vez era mayor, levantado las llamas una muralla de fuego.

Cada vez era mayor el número de personas congregadas, curiosos, pedían explicaciones, mientras el grupo, buscaba minuciosamente, palmo a palmo la playa y el interior del Coto de Doñana.

Todos los niños miraban silenciosamente, y cerca, los más pequeños jugaban juntos bajo la atenta mirada de Joaquina. La pequeña Ana Cristina, mamaba,en los brazos   de su madre, Lucía, que era sobrina de momá Lola.

La familia de Lucía, vivía en un rancho a poca distancia del de momá Lola. La hermana de Lola, se llamaba, Carmela, tenía solo dos hijos; chico y chica. Lucía que era la mayor de los dos y Pepe Maestre, que con el tiempo se convirtió en un modisto de renombre, celebré entre las cantaoras de la copla, sobre todo de las de la ciudad de Sevilla. Por su casa desfilo las más grandes figuras del momento, estaba el cante en su máximo esplendor, y con ese motivo él también triunfó.

La hoguera la alimentaban con ahínco, por los niños que traían,ramas secas, piñas, lanzaba llamas de considerable altura, se dejo ver desde muchos puntos, y cada vez acudía más gente a la playa. Los barqueros reman con fuerza y pronto alcanzan la orilla.Pepito, había saltado de la barca, aún con el agua al cuello, y se va corriendo asustado al lugar donde se encuentra el gentío.

Pepito se quedó asombradisimo; no sabía qué hacer, pensó que algo grave había sucedido, y con pies ligero, se dirigió al lugar en que estaba prendida la hoguera. Su raído pantalón, con los cabellos tiesos por el salitre, le daba un aspecto fantasmagórico. Pepito, miró a su alrededor, confuso, al verse convertido en el centro de la atención. Exclama, J. Luisa, ¡sí es Pepito! sí dijo; María, y los demás niños dijeron a corro ¡es él Pepito! todos se abalanzaron sobre Pepito, abrazando y rodeando con gozo y alegría. Los niños, entonan una graciosa canción, y a corro juegan, lo rodean cantando:Pepito conejo al bosque salió,corre, corre, corre, desobedeció. <<Ven, ven, conejito>>, decía mamá. <<Ven, ven, conejito que te matarán>>. De pronto aparece un gran cazador que de su escopeta, ¡pum, pum!, dos tiros soltó. Salta el conejito, salta el cazador, llegó a su casita y la puerta cerró.

Más allá, por la playa corría desesperadas la abuela Lola y tía Ángeles, que cuando tuvieron a Pepito al alcance, la emprendieron a zapatillazos contra Pepito. La abuela lo tomo en las manos y lo zarandeo, muchas veces, con una mano lo sostenía y con la otra le atizaba con la zapatilla, le dio en la cabeza en la espalda. Si no se lo quitan de las manos lo hace astillas, o lo muele como la harina.

Ángeles con los ojos encendidos, rojos de los llantos, se dirige a él, y toma a Pepito en sus brazos, llenando su cara y sus manos de besos. J. Luisa, se queda boquiabierta mirando la escena. El tío Carlos, se sentó en la arena, se llevó las manos en un abrazo consigo mismo, tapando su desnudez, y él ni se movió. Carlos, comenzó a mirar al cielo que ya iba oscureciendo, y dijo:

A algunos kilómetros de aquí la Virgen del Rocío se apareció a un aldeano y desde entonces nos protege, con su manto verde esmeralda, a todos nos cobija y ayuda en todas nuestras causas, gracias, Virgen María del Rocío. Cerró los ojos y rezo en silencio, quedando callado y quieto.

La abuela Lola, reza una oración Preciosa de agradecimiento al Ángel Guardián, y demás Ángeles; ¡Ángel de la guarda mío! ¡Ángel de la guarda mío! ¡Ángel de la guarda mío! Procura que estemos siempre bien protegidos. Despliega tus alas protectoras sobre mí y los míos. Guíame, oriéntame. Te doy gracias. Amén. Y sigue con alabanzas:

¡Ángeles de Dios venís siempre que os llame por favor, con humildad y fe te lo pido. Y dice a continuación: Si tú tienes cerca un barullo y no sabes que es, es un Ángel llegando aunque no lo ves, para acercar nuestras oraciones a Dios. Sin más, abre el corazón y comienza a cantar, que no hay gozo más grande que el amor celestial, y los Ángeles ya viene a celebrar. Si, vuelan los Ángeles en el hogar, en medio de todos y sobre el altar, trayendo las manos llenas de bendiciones… No sé, si el cielo bajó, qué fue lo que pasó, sólo sé que está lleno de Ángeles sí, y que el mismo Dios está aquí… Si, los Ángeles vuelan, la Iglesia se alegra, todos cantan y lloran, las almas se elevan, se asusta el infierno, se aleja el mal.. Siente el ruido de las alas de los Ángeles vuelan, confía hermano que ha llegado la hora, la hor de Dios y te quiere encontrar………

Pepito no estaba con ánimo de hablar, nada respondió en ese momento. Se sentó en el manto verde de algas que vestía la playa, y todos los demás niños le siguieron en silencio. Todos los presentes hicieron lo mismo, se quedaron callados por unos minutos. Ese silencio desarmó a la abuela Lola, y al resto de la gente que los acompañaba en aquellos momentos en la playa.

Pepito, hijo, Ángeles, sonrió y miró al grupo de chiquillos que rodeaban a su hijo, y abrazando se a él le dijo; ¡Virgen del Rocío mía! Procura que siempre esté bien protegido mis hijos y todos mis seres queridos. Despliega tu manto sagrado y protector, sobre nosotros, guíanos,orientanos. Te doy gracias. Amén.

Virgen del Rocío tu eres la madre Divina, te pido que actúes en mi vida, enviame los conocimientos que necesito ahora. Te pido que establescas un contacto fuerte conmigo ¡ilumíname, guíame y acompáñame en este camino! Yo te lo pido. amén.

J. Luisa, mira al cielo y ve que ya se alza la luna y un lucero brumoso………………………

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