Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 24º

Ana la coquinera, estuvo hablando sin parar, solo, quería que Pepita ayudará a reconducir a su hija Anita. Los años, que estuvo retenida por los singaros, le había cambiado el carácter. Era evidente que tenía muchos traumas, el tiempo que vivió con ellos le dejó graves secuelas, difícil de recuperar, pues su carácter se deformo junto a ellos, sus modales y maneras de comportamiento nada tenía que ver con lo que había vivido junto a nosotros. Anita, es indomable, iracunda. Bebe y fuma como un cosaco, y tiene una vida muy licenciosa, frecuenta muchos hombres.

<<Y supongo que quieres que venga a trabajar a mi taller de costura>>. A mi madre no le importa, y a la abuela Lola creo que tampoco le importe.

Más fácil de decir que de hacer, lo bueno, es que Anita, su hija, quiera venir hasta aquí. Una mueca dejaba traslucir mucha preocupación en el rostro de Pepita.

Pepita, niña,el coraje solo no basta. Mi hija hasta ahora nunca había pronunciado palabra, pero su comportamiento, tan violento, y semejantes palabras que dice, hay se ve que la maltrataron. Y sufrió todo tipo de vejaciones y de humillaciones. No me hago muchas ilusiones, pero se que aquí se puede reeducar, reconducir en su vida. Moma Lola conseguirá rescatarla. Como hizo con tu pequeña Anita, la niña que encontraste en el bosque. Pepita se endureció, frunció el ceño, sacudió la cabeza .¡No se, no lo sé si podremos ayudar a tu hija, es algo muy diferente a lo de nuestra Anita!.

Pepita, le guiña un ojo, a  la coquinera Ana, y frunció los labios, suspiró profundamente, se levantó y abrazó a Ana.Está la beso tiernamente en la frente sellando un pacto de amor y vida.

Ana, no se preocupe usted, moma Lola sabe lo que hace, déjela a cargo de todo y confíe en ella. No interfieras, a menos que debas hacerlo.”Pobre Anita” no le grites, para descargar tus propias frustaciones.

Mi madre va a proporcionarle una cama cómoda. Nuestra choza es amplia, y si no ya se encargará Perico, seguro que le construirá una choza cerca de nuestro rancho,para usted y sus hijos.Para, que no tengan que andar todos los días cruzando el río.

No lo creo hija, no abuses de tu buena voluntad, especialmente no crea que Anita aceptará quedarse aquí de noche, es miedosa. Y ella es soltera y se cree con derecho a salir; sí, hace todo lo que le biene en gana, y aún parece descontenta. Niña, Pepita, vale la pena que le preguntes la causa que la lleva a salir con tantos hombres. Suspirando profundamente, mientras lo hacia se seca las lagrimas de los ojos.<<Es muy duro hija, por los niños>> aunque todos tienen miedo que les termine pasando como a mi Anita.

Una vez, en un barco, se me reveló una gran verdad. Eramos unos ocho a bordo; el marido de Frasquita la del boticario, que se afanaba en contar a dos madres, cada una con un bebé colgado del pecho, y otras dos madres con una niña y un niño de unos dos años, los llevaba atados a las muñecas de sus repectívas madres por medio de riendas.

las riendas estaban tensas, mientras los niños se asomaban por la borda, buscando cangrejos, y peces voladores. las madres nos manteníamos firmes tratando de no hacer movimientos bruscos que pudieran despertar a los bebés dormidos en sus regazos.

El marido de Frasquita, impulsaba el remo a través de las aguas enfangada, hablando un poco tristemente de lo ocurrido a Anita. El no sabía que era mi hija, pues se había llevado mucho tiempo trabajando en la almadraba de Rota, y conocer, conocer, no nos conocía, solo de oídas. Había llegado a este trabajo hacia pocos días. Pero al ver a los chiquillos atados de la mano de sus respectivas madres, dijo: Hay que ver las cosas que pasa en un instante, mi suegra salió acompañada con dos chiquillas para ver la actuación de una cabra y unos títeres, en la esquina del Cristo, y allí mismo se le perdió una de las niñas, que creo que era la hija de Juan el cicoco.

En una palabra, que se cayó y, no le dijo nada a nadie. Se cayó la misteriosa desaparición de la niña. Menos mal, que apareció, al cabo de un tiempo. Mi mujer me contó la historia. Pero seguro que me lo contó para oscurecer a la familia, esta familia de mi mujer no son gente clara.

Y usted, Ana. ¿Cómo reaccionó? La verdad, es que…………………… ¿..?..?….

 

 

 

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