Mucha vidas y muchos sueños

Párrafo 25º

Pepita, hija, una buena pelea es la que cesa. Pelearse puede ser bueno, pero también es bueno saber poner fin a una disputa antes de que se vuelva destructora. Aceptar con tranquilidad que no somos perfectos. Por otra parte las circunstancia de la suegra de Antonio el barquero en aquellos días, no era, muy tranquila, pues cuando fuí a pedir explicaciones, me informo de cómo transcurrió ese día, y los sucesivos, de verdad una historia lamentable, muy triste.

Esa tarde, en que desapareció Anita. Frasquita, estaba ultimando los detalles de su casa, y preparando sus cositas, sus prendas de vestir y esas cosas, para salir de viaje hacia Sevilla. Aunque su hermana vivía en Huelva ella había quedado que recogería en Sevilla, en concreto en el taller de ese primo de tu madre, < el modisto Pepe Maestre>. Tenía que recoger, varios mantillones y un par de vestido para su hermana Carmen.

Me contó esta buena mujer, si, la Frasquita, que ese día mi Anita y su hija Conchita, estaban jugando en la calle Sargenta, esquina a Bolsa, y, escucharon la música que venía de la Playiya de la Red. Trompetas, y un tambor, en fin, que las chiquillas corrieron, y Frasquita al percatarse, salió detrás de ellas, las acompaña, las llevo de la mano. El revuelo que se armó alrededor de los titiriteros fue mayusculo, todo el vecindarío y del contorno empezó a llegar gente por todas partes y la plazuela se cubrió en un momento, se agolpó, muchísimas personas. El arropiero, y Miguel el de las sultanas, hicieron aparición en la plaza, Anita, me pidió una arropía, le dije que no llevaba ni un céntimo, y con el barullo, la deje de ver. Entre el gentío, me dijo, Frasquita que le pareció ver a mis niños, y la pobre mujer pensó que mi Anita se había ido con mi familia, que ella, tomó a su hija Conchita de la mano y se fue para su casa.

Su casa, queda muy adentro, y ella cerró la puerta de la calle, y se puso  hacer sus tareas. Baño, a sus hijos, y recogió la casa, pues al alba partía de viaje rumbo a Sevilla, para luego continuar hasta Huelva, donde, su hermana Carmen, estaba ya cumplida, le faltaba solo el parto. Esa noche, estaba tan nervioso los chiquillos que alborotaron más de la cuenta. Frasquita les dió un migote pan mojado, con leche y achicoria y los puso a dormir pronto. Pero aún así los niños de las vecinas de la casa de cochera, cantaban en el patio de la casa; y cantaban esta canción:

El patio de mi casa es particular,

cuando llueve se moja como los demás.

Agáchate, y vuélvete a agachar,

que los agachaditos no saben bailar.

Hache, i, jota, ka, ele, eme, ene, o;

que si tú no me quieres otro amante me querrá.

Pepita, desde dentro de su casa; los niños y las niñas de Frasquita les respondía cantando esta coplilla:

Al pasar la barca me dijo el barquero:

<<Las niñas bonitas no pagan dinero>>.

Yo no soy bonita, ni lo quiero ser,

las niñas bonitas se echan a perder.

Al pasar la barca me volvió a decir:

<<Las niñas bonitas no pagan aquí>>.

Como soy tan fea, yo le pagaré.

Arriba la barca, una, dos y tres.

Comprendes, niña, con semejantes coros como se iba a enterar la pobre mujer lo que se había originado en la esquina “El Cristo”. Ella vive en la cochera, esta casa está en la “calle Sargenta”, y la verdad, que pudo no oír el escándalo que se formó buscando a mi Anita, no me queda más remedio que creerla.

Según me contó, todo se le enredo, pues su hermana Carmen murió a los tres días de parir. Le dio un ataque de albúmina. Estaba, por la mañana cepillando su larga cabellera, cuando de pronto se sintió mal, y en poco quedo fulminada. Para cuando llego el medico ya estaba muerta, solo puedo, conformar a la familia, y firmar el papel de la defunción. Muy triste hija, Pepita.Con lo bien situada que estaba la Carmen, para nada le sirvió, los dineros de su suegro.

Frasquita, crió al recién nacido, ella se lo trajo con ella, a los otros los llevaron a un internado, a la casa cuna de Sevilla. <<Pobres niños>>.Con la de problemas que tuvo la Frasquita, no se dío cuenta de lo de mi niña hasta pasado mucho tiempo, y ella no alcanzó a relacionar su desaparición con los tirititeros, y la verdad que nosotros tampoco,que me iba a pensar yo, ni imaginarlo, que hubiera personas tan malas.

Los rencores son una verdadera calamidad. Nos impiden apreciar nuestra felicidad y no nos deja compartir la de los demás.¡Que bonita, eres Pepita! . Que verdad está: ¡En los ojos del joven, arde la llama; en los viejos, brilla la luz!.

Hija, Frasquita se excusó, y pidió perdón, no se dejó guiar por el orgullo. Recuerdo, que cuando se enteró llegó a casa con un par de botellas de vino  Manzanilla, y ya nunca nos falto, antes de que se acabará, me volvía llenar las botellas. Con eso empezó a frecuentar la casa, y yo le correspondía con coquinas o algunos huevos de pato, o lo que se terciara, no puedo guardar rencor hacia ella por que no fue su culpa. Y al fin y al cabo es parte de mi familia. su sobrina Luisa la de los gallos se casó con mi primo Andrés el saraguato.

No olvidar que la familia con sus defectos, su pasado, aunque esté lejana, y alejada, es esencial para nuestro equilibrio. Constituye nuestra cuna, nuestras raíces, que nos han permitido crecer como humanos. Para ser comprendido, una misma ha de ser tolerante. Para vivir en una atmósfera serena, una misma ha de ser tranquila y relajada..Así es la vida, niña. cada cual recoge lo que siembra.

Pepita, frunce y aprieta la boca; desde luego Ana; Si, si, se desea merecer la confianza de los otros, hay que ser digno de ella; respetar la palabra dada, adecuar los actos a las propias palabras, cumplir una promesa, respetar los plazos, asumir los compromisos.

Desde luego, niña; a veces se necesitan años para conceder la plena confianza a alguien. Y unos segundos pueden bastar para perder ese precioso bién. Todos tenemos nuestros defectos y nuestras debilidades, pero cada cual lleva en sí mismo riquezas y un potencial de amor. Hay que saber nutrirse con esta diversidad en vez de ofuscarse por ella. Si se desea merecer la confianza de los demás, hay que ser digna de ella. Pepita, le indica, que ponga oído, en la playa la gente se retira y las bocinas de las barcas indican que van a salir para Sanlúcar.

Anita, corre, llegarás tarde, salen las barcas. Ana se va alejando a grandes zancadas, sus hijos la esperan en la barca de Ruperto, ellos saben que su madre había ido a buscar a Pepita, así que no hay ningún problema, todos la esperan pacientes. Mientras cantan esta coplilla:

¡Mírame!

No me mires que nos miran, nos miran que nos miramos,

miremos que no nos miren cuando tú me estés mirando.

Y cuando ya no nos miren, mirémonos a escondidas,

que si nos miramos tanto mirarán que nos amamos.

Pepita, va, detrás de Ana, con pies ligero, la alcanza, y le habla al oído, mañana en la mañana nos vemos, tengo algo muy especial que enseñarte, será nuestro secreto..¿..?

 

Anuncios

Un comentario en “Mucha vidas y muchos sueños

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s