Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 37º

Envuelta, en tules y sedas, y seguida por una multitud. Anita, se muestra muy risueña. Apareció en la playa, acompañada por Eduardo escopetillas, con quien había hecho uña y carne, y andaban juntos todo el día envueltos en perfumes de unos finos cigarrillos que Eduardo le liaba, con unas plantas que se trajo del moro, de sus bocas manaba ese perfume soñador. Flora y Anika, hablan de ella.

Flora, amiga, Anita la pescadora, es un ser de fábulas, una diosa,  ahora  ella está en el baile del poder. Ella baila, entre los espejos de la luz y la oscuridad en estos amaneceres  rojos. ( la bajamar deja la playa con bastante dureza, y Anita baila y canta seguida por las guitarras y castañuelas).

Querida amiga, Anika; está Anita, es una criatura que está atada a las ataduras del engaño. Mira, siempre va cogida de la mano, y ves, como se abrazan. Ese Eduardo, que la acompaña todo el día cargado con la guitarra, le canta coplillas y ella le baila. Anita, se arranca por tanguillos de Cádiz, por sevillanas, rumbas y bulerías o lo que le quiera tocar y cantar Eduardo escopetillas.

Pepita se apartó, se debatía entre su armoniosa vida y lo que veía. El escándalo se asoma a la playa. Escucha canciones alegres con letrillas muy atrevidas, que se repiten una y otra vez rompiendo los silencios de Doñana.

Los pájaros, avanzan por el cielo, unos en forma de arco, y otros van llegando en forma de flechas. El cielo se cubre de bandadas amplias de aves, el piar de los pajarillos ya en las ramas buscando cobijo ante la noche que va llegando, y cubriendo todo de un espeso manto de oscuridad. Una manada de ciervos rumia cerca de la choza de moma Lola, gracias a la cerca que rodea al rancho, no entran hasta el parral, ni pueden pasar a la  florida huerta.

La fina figura de Anita, su larga cabellera negra y ondulada, sus ojos rasgados y morunos. La cintura de avispa, y en su talle atado un pañuelo encarnado. En el canalillo de su pecho un clavel rojo reventón. Las mejillas sonrosadas en su cara morena, prendido en su pelo una rosa rodeada de romero, y una cinta de seda roja a modo de pasada corona su cabeza. Su falda de alegres flores recogida más allá de la altura de los muslos. Una blusa blanca, casi transparente, con la manga al codo terminada en volantes y también en el escote la misma terminación. Y siempre un clavel rojo en el escote.

Anita, siempre vestida muy fresca, su atuendo, es ligero, variado y alegre, muy florido y colorido sus vestidos. Una desverguénsa,  sus carnes morenas, se dejaba ver en su pecho, siempre el canalillo fuera, muy abierta sus blusas, y sobre él su clavel reventón.

Eduardo escopetillas, iba casi encueros y descalzo. Solo cubría su cuerpo un calzón blanco y una estrecha camisa de color negro y lunares blancos, en su cuello atado, un pañuelo blanco, y su cabeza corona un sombrero de ala ancha, prendido de él una ramita de romero y un rojo clavel. Un hombre de gran belleza. Su pelo, negro y ensortijado, en su cara una barba oscura incipiente, unos ojos vivos y alegres, con una luz muy espiritual. Su cuerpo musculoso, alto, y muy fuerte, un hombre curtido en las artes de las letras y la música, toda una celebridad en la aldea, por su simpatía y su alegría, un ser lleno de amor y de bondad.

En la orilla del mar había un pozo con brocal grande de madera de pino, y en derredor, grandes piedras, colgado de una cuerda de cáñamo, un cubo de latón. Anita, está sentada sobre el brocal del pozo, los pájaros se recogen en grandes bandadas van llegando al coto. El cielo azul brillante, al oeste, el rojo púrpura  estremece el horizonte en su atardecer, el sol declina y el día acaba.

La familia, de moma Lola, todos tumbados bajo del sombrajo de palmas y ramas de jara. Mirando como salía la luna y las estrellas. Muy cerca, los aldeanos bailan y cantan, por tanguillos, rumbas y sevillanas.  las hogueras encendidas los alumbraban.

En el rancho, Anita, borda sentada en su sillita. La niña se pasa todo el día metiendo y sacando la aguja, bordando flores y ramas, bellos bordados, que de sus dedos salían, de gran belleza sus bordados. Anita, ríe, inocentemente.

Pepa; sale a echar de comer a los perros de caza. Y las gallinas cantan en el corral. Llama a Pepita, le grita varias veces con fuerza su nombre. Pepita, ¿dónde estás, ven, tus obligaciones te esperan?. la joven, no atiende, está distraída en la playa, con el barullo de la juerga no se entera.

Pepa, se queja a Ana; Tiene, dejada, y abandonada todas sus obligaciones. Mira, las flores, se están marchitando. Las gallinas, desatendidas, y la costura no digamos, esta chica desde que se encontró el baúl en la playa está perdiendo el norte, ya no es la misma. (Antaño las flores, entre sus numerosos encantos, y la sutil tarea de transmitir mensajes amorosos. Las damas, se ponían un clavel rojo, en el canalillo del pecho, o en el pelo, junto a una mata de romero, a veces acompañado de jazmines, símbolo de la alegría y pureza de la portadora. Cuanto más cerca del corazón , más receptiva al amor la persona.Así que la mujer ponía cuidado en el lugar del cuerpo, que prendia la flor para lucirla. La dama elejia el lugar donde prenderla, ya sea en la cadera, la cintura, el cabello o en el pecho. Bástara unas nociones básicas, que el color rojo anuncia pasíon, el blanco puresa, el rosa ternura, el amarillo olvido, el morado modestia ” ahora el color de la marea violeta, las feministas”).

Pepita, llevaba prendido en su espléndida cabellera un ramillete de margaritas silvestres, que la seducían. Lo mismo, llevo, Flora y Anika.

Pepita, se apartó del grupo. Se debatía entre sentimientos encontrados.Le gustaba este chico, un tal Perico. Notaba en él un valor, una furia, una sencillez, y mucha franqueza. La hacia vibrar en su interior, su cara se sonrojaba en su presencia y sus ojos brillaban como dos luceros encendidos.

Pepa, habla con Ana la coquinera, su conversación se centra, en lo que en la tarde han oído a espaldas del sombrajo del cobertizo, pues han escuchado todo los consejos de moma Lola a los vecinos, Andres el mellizo y a su esposa Joaquina. Pepa, amiga; esta pobre Joaquina, casada muy joven con Andrés el mellizo, heredero de unas tierras de albariza. Hombre, feo, glotón, cobarde, violento, bastante vago e imbecil.

Sí, amiga Ana; Joaquina encontró la forma de casar a este ingenuo, ayudada por su tía Pilar, amiga, de la madre de este iluso charlatán, vago y gañan.

Joaquina, ahora convertida en su señora, ahora llora desesperada. Ella no tolera a su suegra, ni la suegra a ella. La  Antonia suegra, de Joaquina, es una mujer de prodigiosa vitalidad y de muy buena salud. La suegra está levantada a las claras del de la mañana, antes de las siete esta en planta. Y la pobre, Joaquina le da en la cama las doce del mediodía. Está Joaquina tan falta de vitalidad, que no puede con su alma, y así día tras día. Y así se les multiplica los disturbios y las trafulcas, las tienen a la orden del día.

Ana; ¿a que parecen dos personas enamoradas?.¿ Por qué lo dices?. Por qué van siempre cogidos del brazo. Eso es un engaño. Pués nada de nada de nada, esos dos no se quieren.Pepa, asienta con la cabeza. Ana; moma Lola, no le gusta que critiquemos a los demás. Dice, mi madre; que odia, con ganas, a la gente criticona, dice, que es muy malo criticar, que le echamos encima al criticado malas energías.

Llega moma Lola. Anda, Pepa, trae pan.¿ De que hablais?. No de nada. Voy a ver si cojo unas palomas mensajeras. Moma, ¿de que te quieres enterar? De nada.<< De algo me enterare>>. A ver si atrapo un buen puñado de estas palomas cotorras, que molestan tanto al atardecer, tanto como al amanecer.

Pepa, hija; a todas es posible atraerlas con migas de pan. Y usted, moma, a echarles el guante. Que en cuanto se descuiden las atrapas, para luego echarlas en el puchero.

Moma Lola, se va para el gallinero, coge tres gallinas, y le tuerce el cuello sin compasión. Antes de que se pongan rígidas corte la cabeza,Ana, haga el favor, y desangre a conciencia. Moma Lola, y a usted, no le atormenta la conciencia.<<Que vá>> Anda, sumerjalas en agua hirviendo por cinco minutos, retírelas, y aún caliente arranque las plumas. Pásalas por la llama del anafe, para quemar las pelusas que quedan pegadas. Llega Pepa; Ana, corte las patas, la cabeza y saque con cuidado los menudillos, no se derrame la hiel. Y me estropee el guiso, que voy hacer mañana “un arroz con menudillos” y ¡las gallinas en Pepitoria!. Van a chuparse los dedos, que digo los dedos. ¡Van a chuparse los muñones de las manos!. Sobre todo mis hermanos Ramón y Carlos, los vuelve loco el arroz con menudillos.

Moma, Lola, que hermoso gallinero tenemos, mire, cuantos huevos, son de primera. Hoy mi Pepita se está despistando más de la cuenta, no hizo ninguno de sus deberes, esta chiquilla anda algo despistada, desde que lo del baúl, no me canso de decirlo, que no es la misma mi niña Pepita.

Esa tarde era la víspera del día de:¡Nuestra Madre y Señora María de los Ángeles!. Al ponerse el sol, encendieron las hogueras. Bailaron, cantaron, y salieron a relucir las castañuelas, las panderetas, y un par de guitarras. Se repartió vino Manzanilla suficiente para animar y refrescar las gargantas, de los sedientos pescadores, y de las mariscadoras. Calentaron su cuerpos, y asaron conejos, tordos, y una cabra, cayo en el fuego de la hoguera. La media docena de niños de Pepa, correteaban casi desnudos, y al ver a Anita, salieron disparados.Junto a la muchacha, su inseparable compañero tocaba unas alegrías con la guitarra, mientras ella bailaba y los aldeanos cantaban y palmeaba alegremente todos reunidos bajo la luna y el dosel de las  estrellas.

Moma Lola alumbraba entre las matas, con dos faroles, junto a ella, se veía un par de ojillos rojos de la perra Canela su fiel compañera. Cerca se oía un barullo tremendo, los cantes, las voces alzadas, los acordes de las guitarras, las castañuelas, ensordecían el cantar de los grillos y los sonidos propios del rumor del mar en la orilla cayada aquella noche de vísperas del santo de la Inmaculada María de los Ángeles.

Aquella misma tarde habían llegado a la costa en la barca de Ruperto. El niño Manuel el lobo, hijo de la tía Filomena. Manuel, venía acompañado con su novia Rocío. Ella llego con una bata blanca de cola, y su cabeza cuajada de azahar, se acaban de casar. Y venían a vivir a la choza de tía Filomena. En la playa los recibieron entre palmas y vítores. Radiante de felicidad ambos novios.

Pepa, la comida, como entra por la vista antes,que por la boca. Hija, Ana, no sé, qué le ha visto el niño Manuel a esta vizca.Pero, Ana; es que hay gente capaz de echarse cualquier cosa en la boca, igual, le da echarse cualquier cosa encima. Ana, amiga mía, a veces es mejor no preguntar lo que una se está llevando comiendo, a fin de cuenta no tiene la menor importancia. Pues, no viene ahora la leche en polvo.<<Leche seca>> . Sí amiga sí, leche seca.

Mira, Ana, mira tu Anita, parece, ¡la Lola Montez!. La vé, como baila el baile de la Tarantula. Para enloquecer a todos los hombres de la aldea y de todo el contorno. ¡Jesús, de mí vida! como baila la niña, con qué gracia y desparpajo. El baile a esta niña le sale del alma, lo lleva Ana, en la masa de la sangre. Es una reina, emperadora del baile español. Mira, con la furia que toca las castañuelas. ¡Hay, mira! si la acompaña mi  pr….¿..?….

 

 

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