Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 49º

Bajo la frondosa alameda de los jardines de “Las Piletas” casi todos los miembros de la familia Ramos, gozan del almuerzo. Todo el grupo disfruta tomando los bocadillos de tortilla de patatas y los ricos platos y entremeses, que han preparado las hermanas Ramos. No faltan, los pimientos fritos, el picadillo de tomates, las tortillas de patatas, los huevos duros, el chorizo, y el gran plato el pollo de corral en salsa de veranillo.

Todos ellos con sus vestidos seminuevo de cumple siglo. Las mujeres en su pelo luce prendido una ramita de jazmín y romero, perfumadas ellas,por agua limonada y esencias de canela, lavanda y jara, era un clásico de la época.

Un ir y venir de los chiquillos, todos dando viajes de ida y vuelta por el estrechisimo callejón de vallados de pitas,Chumberas, aloes y cañas, contorsionandose ante el ritmo de los cañaverales que sonaban el misterioso vaivén de las aguas profundas de los tollos, de aquellos magníficos navazos. Y aquellos días vestido de verde y oro y un sol de justicia sobre un cielo azul limpio. Callejón que conducía de los jardines de “Las Piletas” a la playa “del Castillo del Espiritu Santo”.

El encuentro con el gran descampado, que a un lado de la playa estaba, y que por aquellos días parecía una gran pradera de tréboles, margaritas silvestres y la reina amapola, y sin tener que recorrer  gran trecho, allí asentado estaba un descansadero de grandes silos(las piedras ruinosas del antiguo Castillo del Espíritu Santo, que dinamitaron los franceses en la guerra de la Independencia). Lugar donde terminó trasladado todo el grupo de la familia Ramos. Las tías hablan muy animadas, los chiquillos juegan y corretean descalzos y semidesnudos. Las niñas, vestidas y recatadas sin asomar  siquiera las uñas a las aguas poderosas del mar océano, que es hay en ese enclave donde el río Guadalquivir une y se funde con el Océano Atlántico.

Anita, Eduardo escopetillas y los demás jóvenes, cantan y bailan canciones alegres y atrevidas, algunas escandalosas.-<<El cante flamenco es un grito desgarrador, es una tragedia contada en primera persona. El pueblo sí que ha valorado, desde mediados del siglo XVIII hasta la actualidad, el cante y el baile popular, y a aquellos que interpretaban los poetas(Bécquer, Los Machados) y otros populares escritores, comenzaron a ver a ese mundo como fuente nítida de inspiración, y enraizaron muchas de sus obras en arte genuino, acerbo de la cultura popular andaluza.>>-

-<<La reflección de intelectuales y artistas ha servido para patentizar que el flamenco no sólo es un arte de muchos quilates, sino que sobre todo es un medio de vida, marcada con un profundo sentido estoico, porque el flamenco “es el fruto del contacto de las influencias mutuas entre el pueblo gitano y el pueblo andaluz”, y su filosofía aparece nítida y transparente en las letras del cante.>>-

-<<Las letras secundarán alguna intención de crítica o reinvicación política y social, dado que antes y por la generalidad no se entraba “en los problemas políticos ni en los conflictos sociales”. Aún así las letras bién leídas y rumiadas, contienen, en clave de primera persona y desde la perpestiva del yo del cantaor, una denuncia desde lo más bajo de la pirámide social, de las desigualdades, las injusticias, la opresión, el desamparo y el rechazo>>.-

-<<El grado de marginación experimentada lo denota el que la aceptación “del palo” para indicar una variedades de tradiciones del cante flamenco. (Eduardo escopetilla y Anita Delgado cantan y bailan todos los palos del baile y del cante flamenco).Son muy numerosas:¡Seguirillas, Cabrales, Livianas, Serranas, Fandangos, Cartageneras, Granaínas, Huertanas, Verdiales, Malagueñas, Farrucas, Rumbas, Guajiras,. Marianas, Sevillanas, Tonás, Martinetes, Carceleras, Soleá, Pelas, Cañas, Tangos, Bulerías, Zambras, Mirabras, Peteneras, Saeta, Cantiñas, Romeras, Mirabrás, Caracoles!.- Alegría a las calles y bares donde se cantaban.Por aquellos días en Sanlúcar principalmente se cantaban por las calles sanluqueñas: bulerías, caracoles, cañas, habaneras, mirabras, peteneras, rumba,, saeta, siguiriyas, soleá, tanguillos, tarantas y a la chita callando, se coló el pasodoble, que con este, por moverse, se pone en fila al primer sonido de trompeta>>.-

La gente en el barrio donde vive Anita, en lo que  antiguamente se denominaba los “Arenales de Bajo de Guia” cantaban y bailaban en las calles y bares.

-<<Comienza al atardecer, el serpenteado de viandantes de estas calles bulliciosas, con susurros tan sonoros que da gloria oírlas, por las calles paralelas a la vieja “avenida Barrameda” que a fines del siglo XIX, se labró para que pudiese conectar la estación del tren del barrio alto con la “Avenida de los Hoteles”. Estrechas casas de una sola planta, mitad urbana mitad campestre. Ancianos y mujeres de mirada profunda bondad, mirando, como Dios manda, por sus familias, por sus animales de granja, y algunas huertas y navazos, las casas adornadas de macetas de lata y barro, con extravagantes geranios>>.-

.<<Esa tarde en la calle, en sombras de romance de copla, alamedas de arenales,  olmos palmeras y moreras, arboleda florecientes, y unos cuantos bares, con su oferta de pescaito frito hacen las delicias de vecinos y visitantes. Los vecinos que disfrutan del sol, en un contorno de pitas y vallados de chumberas. Y también por qué no decirlo; de carros blasonados, de la encopetada nobleza española y europea>>.-

-Tía Filomena salta de alegría. Carlos exclama: Tía Filomena, deseo saltar de alegría, y gritar hasta perder la voz. ¡Mira, tía, se me pone la carne de gallina!.

Carlos; detuvo el gesto que su mente ordenaba. Perplejo ante la negación de sus piernas a seguir su deseo.

Anita la pescadora; tardó unos segundos en dirigir su vista hacia el cielo. Y cuando lo hizo su salvaje alegría  se arrancó por bulerías, los brazos se movían a un ritmo incontenible, sus caderas se mueven insinuantes, y abriendo los brazos a la naturaleza se sintió una mujer feliz, completa. Las carcajadas sacudían su cuerpo, sin que pudiera evitarlas, surgía de algún rincón oscuro del alma, agolpadas de tantos años de exclavitud y encierro. Anita, se sentía segura y victoriosa bailando descalza sobre el suelo de arena, cantaba y bailaba con furia pateando la tierra, sus ojos se acercaban a los cielos. El baile y el cante, era algo que la hacía sentir importante. Un bién que convertía a los hombres en sumisos seres, se rendían ante sus poderes seductores.

Anita, tenía el privilegio de seducir y encantar, a todos los hombres, que quedaban seducidos por sus contoneos de cintura y sus ritmos, saltando de alegría.

Exaltado, Carlos, cerró los ojos, en un esfuerzo de concentración: era improbable que en los planes de Ramón se hubiera previsto algo semejante. Sin embargo su hermano sabía más que nadie de la situación en que se hallaba Carlos. Los incesantes conflictos que enfrentaba Carlos desde hacía tantos años, su conciencia de hombre enfrentada a los deseos de su madre, que quería a toda costa que fuera sacerdote.

Carlos sonrió con calidez, daría lo que fuera, por evitar ser sacerdote, y por evitar los sarcásticos comentarios de su hermano Ramón hacia aquella situación. <<Acaso lo hubiera tenido en cuenta, y si así era, no parecía que a nadie le importara. No, pensó Carlos con aire resignado, era imposible que moma Lola, hubiera podido sospechar aquél cúmulo de desastres>>.-

Carlos y Ramón, habían tenido la primera discusión. ¿Qué estás haciendo?. Rezando, estoy rezando.(Balbuceo Carlos)-<<.Contemplando, embobado, la graciosa figura de Anita. Se acercó a la muchacha estudiando su reacción, con la sospecha flotando en el aire>>-. ¡Ya veo! eres solo una joven bailarina de flamenco, seduciendo a pobres inocentes.- Carlos, hizo una pausa, aspirando con fuerza. ¡Menudo baile!. Carlos se detuvo de nuevo.  Y miro, con detenimiento, como calibraba posibilidades. Carlos, había sucumbido a los encantos de la mujer que bailaba a un ritmo desenfrenado.-<<Ramón se dirige a él; ¿Y cuando, se ha visto un religioso con esa mirada?>>.-

-Esta bién, pero sólo cinco minutos de baile te han bastado, cinco minutos de baile para comprobar que dentro de ti aún está ese hombre que fuiste, me alegro por ti.

Carlos se levantó, silbando al aire, y echó a andar con los pies descalzos, y a pasos ligeros. Anita le siguió dócilmente. Aminoro, el paso, y Carlos paseó con lentitud hasta acercarse a los calistros de la Jara. Carlos en ningún momento miró atrás. Sin mirar atrás convencido de que Anita no le perdía la vista. Entró en el recinto por el vallado de pitas, y llegó al arbolado de calistros y cañaverales. Percibiendo el revuelo de su sotana negra, y sin dar muestras de advertir la presencia de Anita. Carlos se arrodilló sobre las arenas en actitud recogida.-

¿Qué estás haciendo aquí?. Una voz chillona resonó en el huerto junto al cañaveral. <<Anita; rezando estoy rezando. Con voz desafiante le habla. ¿Y tú quién eres, uno de los hombres de Dios?>>.- No,señora. Carlos estaba transfigurado, una forzada sonrisa deformó su congestionado rostro, hasta que logró controlar sus facciones.-

Miró a Anita. Carlos se incorporo sobresaltado, un grito apagado parecía resonar en la playa. – Anita; mi corazón palpita al igual que el tuyo, y ambos deseamos lo mismo.¡Lo único que yo es devolverte al lugar que te corresponde, Carlos; tu sólo quieres llevarme al infierno del que intento salir. Y, yo, sé, Carlos; que ese es exactamente tu deseo.-

-Carlos; mezclava una retahíla de palabras lentas y susurrantes, una plegaria con devoción que salía de su boca. En algún lugar de su alma, y de su fondo, surgían remolinos de sentimientos y de palabras que rugían como bestias malheridas.

Carlos se sentía como al filo de un abismo, el seminarista vacilaba por la fuerza de atracción que sentía por Anita. Carlos, retrocedía, con lagrimas en los ojos, su mirada dividida entre la mujer que lo emocionaba, y le provocaba unos sentimientos de profundo amor. Carlos dudó un instante, con la mirada perdida en los ojos de Anita. Un destello de luz radiante iluminó sus ojos, y se abrió una gran sonrisa en ambos, abrió los brazos extendiéndolos, sintiendo como el calor le prendia cada retazo de piel.

Esta bién; Carlos acercate,- ¡Ven a por mí!. Muéstrame lo hombre que eres y olvida la sotana. Pero antes he de confesarte algo que te asombrará. Es una razón poderosa, Carlos, tú sólo sabes una pequeña parte de mi vida, y sé, que debes saber la verdad. Cierto que he venido a buscarte aunque no por el motivo que presupones. No hemos sido nosotros los que hemos elegido estar aquí, sino una fuerza más poderosa. Tú, Carloss estás unido a mi en una promesa de amor de una vida anterior. Me lo dijo Nicolasa, y antes Miguela la bruja y hechicera, la abuela de mis raptores, y yo consulte a tú madre. Sí, a moma Lola, y ella me hizo jurar que no te lo diría, aunque tu lo recordarás.¡Tu y yo estuvimos muertos! Carlos, por esa única razón he venido a buscarte.-

Carlos; lanzo un alarido escalofriante, arrojandose contra Anita, con la rabia en el rostro. El impacto los lanzo al suelo, y durante unos pocos segundos se revolcaron por el suelo, abrazados con una fuerza irresistible. Carlos se dolía, de no poder identificar a Anita. Con una profunda inspiración la beso en los labios una sola vez, y se contuvo, con un esfuerzo sobrehumano. Carlos por fin tenía delante de sus ojos, a la mujer de sus visiones y de sus sueños, Anita, delante de él, ella lo había reconocido, pero una pócima mal intencionada le había borrado los recuerdos. Un grito,salió de su garganta.

Su grito provocó la reacción de Ramón, que se acercó, apresuradamente al lugar donde se encontraban, Carlos y Anita.- ¿Donde estais? , Carlos, hermano. <Carlos no contesto>. – El rostro perplejo de Ramón, contemplando la escena, “los dos amantes en el lecho de arena”.- Ramón, siguió la mirada de la mujer, fascinado por su cuerpo, y sus ojos lo miraba desafiando al hombre.

Los dos hermanos atrapados en un circulo que tomaba velocidad. Los dos hermanos habían sido seducidos y enamorados por la encantadora Anita.

Ramón, clavó la vista en los ojos de su hermano. Su rostro sonrojado preso de un gran rubor, unas finas lineas de rojo carmín manchaba una de sus mejillas.

Ramón hermano. -<Dijo Carlos, aún jadeando>. ¿Cómo tu por aquí?. Anita estaba paralizada, sin saber el limite que…¿..?…

 

 

 

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