Muchas vidas y muchos sueños

Párrafo 68º P. 2ª.

Vecino 1º: Cuando un hombre y una mujer se casan, surgen diversos problemas, causados quizá por diferencias de la manera de pensar y sentir o en la forma como han sido criados. También es posible que las dificultades vengan desde afuera o de situaciones inesperadas. En estos tiempos difíciles en los que el matrimonio y la familia están bajo constante ataque, ¿puede su familia ser feliz? Aunque lograrlo no es sencillo, cuenta con ayuda La Biblia no es un manual completo de consejos matrimoniales, pero contiene sugerencias y principios bíblicos confiables que, puestos en práctica, harán que su familia sea más feliz. Dios casó a la primera pareja. La Biblia dice él creó a la primera mujer y “procedió a traerla al hombre”. Adán se sintió tan feliz que dijo: “Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Génesis 2:22, 23). Dios sigue queriendo que los casados sean felices.

David: Cuando dos personas se casan, quizá piensen que todo será perfecto. Pero la realidad es que hasta las parejas que más se aman tendrán problemas. El hombre tanto como la mujer debe mostrar un sincero interés por los sentimientos de su cónyugue. Es muy importante que ambos cónyugue se tome en serio los intereses de su pareja. Tratarse bien, ser amables siempre. Las palabras desconsideradas hieren como una espada, la palabra de un sabio será el remedio. Nunca esperé perfección ni ella de mí; nosotros intentamos enfocarnos en nuestras buenas cualidades. Al casarnos, nos sentimos como una sola carne. Pero seguimos siendo dos personas que a veces tenemos diferencias de opinión. Así que hemos aprendido a estar unidos en lo que pensamos y sentimos. La unidad es imprescindible para tomar buenas decisiones. Hay que establecer planes concretos, y establecerlos firmemente. Nosotros no nos limitamos a hablar solo de cosas generales; hablamos muy a menudo de nuestros sentimientos. Ante cualquier nuevo proyecto, antes de comprometerse a hacer algo, consultamos el tema con detenimiento. Dios quiere que amemos la lealtad. Esto es particularmente importante en el matrimonio, porque sin lealtad no hay confianza. Y la confianza es esencial para que el amor crezca. Hoy en día, la lealtad matrimonial está en peligro. Para proteger nuestro matrimonio, debimos determinar  dos cosas: Dar prioridad a nuestro matrimonio. Nuestro matrimonio es una de las cosas más importantes de nuestra vida. Merece que le dé prioridad. Yo solo tengo ojos para mi pareja y ambos disfrutamos mucho de la vida juntos. Lo tengo muy claro, nunca descuide, ni descuidaré a mi esposa, siempre busco la forma de hacerla feliz. Siempre le hago saber lo que siento por ella, lo que la necesito y la valoro. Pasamos a menudo tiempo a solas, dedicandonos toda nuestra atención. Pienso en los dos, no solo en mí y, ella igual, se que me ama con toda su alma. Tengo un amor muy intenso. La libertad es muy importante, sentir la libertad, alegra y afloja el corazón. Por nada del mundo miro a otra mujer, estoy muy feliz y respeto a mi esposa, es necesario proteger el corazón con mucho amor, y ser muy fiel. Lo más fácil sería ignorar la realidad, logramos las mejores soluciones aplicando los principios bíblicos, y se resuelven los conflictos.

Vecino 1º: Proteja su corazón, amigo mío. Lo que dice la Biblia: “Todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28). Si alguien sigue pensando en ideas inmorales, en cierto sentido ya está siendo infiel a su cónyugue. Dios dice que es necesario proteger el corazón. Para lograrlo, tenga cuidado con lo que ve(Mateo 5:29,30). Siga el ejemplo del patriarca Job, que hizo un pacto con sus ojos para no mirar con deseo a otra mujer (Job 31:1). Resuélvase a no ver pornografía. Y por nada del mundo desarrolle sentimientos románticos por una persona que no sea su cónyugue. Deje claro a los demás que tiene un fuerte compromiso hacia su cónyugue. No sabe usted, cuántos hombres hay solos, viviendo en la más absoluta soledad, por haber vivido un romance, tiraron por la borda matrimonios muy felices. Y, luego andan aburridos, viendo la tele, llamando a los amigos, y de lo único que hablan es de sus pequeños triunfos,”relaciones esporadicas”, amor, dicen, hacer el amor. Luego se avergüenzan a la hora de pedir ayuda, casi todos acaban en depresión, o casandose con la que menos esperan…Siendo, y sintiendose unos desgraciados, y la esposa sola, y en ocasiones tanto de lo mismo del cónyugue.

Sor Encarnación: “Ténganse tierno cariño unos a otros”. En cuanto a mostrarse honra unos a otros, lleven la delantera. Es muy importante que sepa escuchar y que trate de comprender el punto de vista de su cónyugue,”compartiendo sentimientos como compañeros”, siendo “de mente humilde”. No finja que está escuchando. Siempre que sea posible, deje lo que esté haciendo y dedíquele a su pareja toda la atención, o pregúntele si pueden hablar luego. Si ve a su cónyugue como su compañero de equipo y no como su contrincante, no se sentirá ofendido con facilidad. Escuche sin cerrarse a lo que dice su cónyugue, aunque no le guste. Capte el mensaje que hay detrás de las palabras. Fíjese en el lenguaje corporal y el tono de voz de su pareja. ¡Todo trabajo tiene su recompensa, pero lo que se queda en palabras lleva a la miseria!. A veces encontrar una buena solución no basta. Es necesario llevarla a cabo. Quizás exija mucho esfuerzo, pero valdrá la pena. Si trabajan en equipo, obtendrán un”buen galardón”.

Vecino 1º: Cierto hermana; juntos pueden hacer que su matrimonio sea fuerte y feliz, en vez de frágil y desdichado. Mire hacia adelante y no saque a relucir problemas pasados. Podrán superar cualquier dificultad si cooperan entre los dos y ponen en práctica los principios bíblicos. Piense en qué medidas prácticas podría tomar cada uno para solucionar el problema. Cada cierto tiempo, compruebe cuánto han progresado. Todos necesitamos dinero para suministrar a nuestra familia las cosas más básicas. Después de todo, “el dinero es para nuestra protección”. A veces puede ser difícil hablar de la economía familiar, pero no permito que ese tema cause dificultades en nuestro matrimonio. Confiamos el uno en el otro y decidimos juntos en qué gastaremos el dinero. Si nos queda algo de dinero al finalizar el mes, decidimos hacer pequeñas cosas, que nos gratifican; como la compra de libros, vamos al cine o a algún concierto. Tenemos unos planes específicos para reducir los gastos. Por ejemplo, siempre cocinamos cosas sencillas y nutritivas, arroz, legumbres verduras y algo de huevos o pescado y cereales.

David: “¿Quién de ustedes que quiere edificar una torre no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo suficiente para completarla?” Es esencial que acuerden juntos la manera como utilizarán sus fondos. Determinen qué necesitan comprar y cuánto pueden gastar. El hecho de que nosotros tengamos suficiente dinero para adquirir algo no significa que no debemos hacerlo. Nosotros, es decir, mi esposa es una empresaria muy próspera y la economía de nuestra familia es más holgada de lo habitual. Amigos, procuren no endeudarse, sino gastar solo dinero del que tienen. Hay que ser honesto y realista. No es necesario tener mucho dinero para disfrutar de la vida.

Sor Encarnación: Aunque el dinero es importante, no permita que perjudique  su matrimonio ni que les provoque una inquietud excesiva. La Biblia dice:”Guárdense de toda suerte de codicia”. Nada que pueda comprar es más valioso que su matrimonio. Por lo tanto aprendan a estar contentos con lo que tienen y nunca descuiden su relación con Dios. Si actúan así, su familia será feliz y ustedes tendrán la aprobación de Dios. “Sean honrados, no solo a vista de Dios, sino también a vista de los hombres”. Díganle a su cónyugue la verdad sobre cuánto gana y cuánto gasta. Consulten siempre con su pareja antes de tomar decisiones monetarias importantes. Mantener una buena comunicación sobre este tema les ayudará a conservar la paz del matrimonio. Vea su sueldo como dinero de la familia, no solo suyo. “Vístanse de amor de la bondad, la humildad mental, la apacibilidad y la gran paciencia”.

Vecino 1º: Con el matrimonio se forma una nueva familia. Aunque nunca dejará de amar y respetar a sus padres, ahora la persona más importante del mundo para usted es su cónyugue. Quizás a algunos familiares les cueste aceptar esta nueva realidad. Pero los principios bíblicos pueden ayudarle a mantener la paz con ellos a la vez que fortalece la relación en su matrimonio. Lo dice la Biblia:”Honra a tu padre y a tu madre”. Sin importar la edad que usted tenga, siempre será necesario que honre y respete a sus padres. Pero recuerde que su cónyugue también debe dedicarle tiempo a sus propios padres. “El amor no es celoso”, así que nunca se sienta amenazado por la relación que él o ella tiene con su familia.

Sor Encarnación: Lo dice la Biblia:”El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne”(Génesis 2:24). Aun después de que se case, tal vez sus padres sigan sintiéndose responsables por  usted y quieran involucrarse en su matrimonio más de lo que deberían. Dependen de ustedes dos decidir que límites les pondrán y decírselo con cariño. Se puede ser franco sin ser grosero. la humildad, la apacibilidad y la paciencia ayudan a forjar una buena relación con sus familiares y a seguir “soportandose unos a otros con amor”. Es esencial que comprenda los sentimientos y el punto de vista de sus padres. ellos no tienen malas intenciones; al contrario, se interesan de verdad por usted. Pero tal vez les cueste aceptar que ahora tenga su propia familia. Quizás hasta se sientan dejados de lado. No obstante, si obedece los principios bíblicos y se comunica abiertamente con ellos, podrá honrarlos sin poner en peligro su matrimonio.

David: Sor Encarnación; usted se ha embalado. No tengo ningún problema en mi matrimonio. En primer lugar, mi esposa, no tiene más familia que un hijo y un par de exmarido… Y, como verá usted, mis padres son parte de nuestra vida, tanto como nuestros hijos o la vieja Frida, la doncella de mi esposa. Somos una familia ejemplar. Dígame, ¿usted tuvo algún novio?, ¿porque se hizo monja?. El amor es sufrido y bondadoso, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. “Los hijos son una herencia de parte de Dios. ¿No le gustaría tener sus propios hijos?. Pídale a Dios que le ayude a pensar con claridad y con calma. Analice todas las opciones que tuvo para elegir la más conveniente para usted. “El corazón del entendido adquiere conocimiento, y el oído de los sabios procura hallar conocimiento”¿Que necesitaba?.

Sor Encarnación: Lo primero, que necesitaba era una gran familia, y la encontré. Aunque hice todo lo posible por tener un matrimonio y una familia feliz, a veces ocurren cosas inesperadas que me robó el gozo. Pero Dios nos suministra ayudas para cuando atravesamos dificultades. Pude poner en práctica tres principios bíblicos y así pude soportar una situación muy angustiosa. Mi pareja, es decir; el hombre que amaba, cuando estábamos a punto de casarnos falleció en un accidente de tráfico.El 1º principio es: “Confiar en Dios”. El 2º es cuidar de la familia humana y de mi misma. El 3º principio es: Busque el apoyo que necesitaba. Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido para cuando hay angustia. Mis amigos, mi familia querían ayudarme, pero no sabían cómo hacerlo. Me alegro de buscar ayuda espiritual de quienes conocen la Biblia. Con la guía bíblica que me dieron, sin duda salí adelante. Me acostumbre a relacionarme con personas que tenían verdadera fe en Dios y que confían en sus promesas, pude contar con el apoyo que necesitaba También me fue de mucho consuelo ayudar a quienes estén desanimados. Me mantengo ocupada haciendo cosas por otros y no me aleje de quienes me aman y se preocupan por mi.

David: Gracias, sor Encarnación. Tenga a Dios siempre presente, aunque sienta que ya no puede más. Cuando estaba sufriendo, Job dijo: “Continúe siendo bendito el nombre de Dios. Como él, anteponga el nombre de Dios y la voluntad divina a sus propias preocupaciones. Si las cosas no salen como desean, no pierda la esperanza, siga confiando plenamente en Dios. “Yo mismo bien conozco los pensamientos que estoy pensando para ustedes -es la expresión de Dios-, pensamientos de paz, y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza(Jeremías 29:11). Usted, hermana, tiene la suerte como yo de relacionarse con personas que tienen verdadera fe en Dios y que confían en sus promesas, contará con el apoyo que necesita. También le será de mucho consuelo ayudar a quienes estén desanimados. Hábleles de su fe en Dios y de lo que él promete. Manténgase ocupada haciendo cosas por otros y no se aleje, a mi me hizo mucho bien, gracias.

Sor Encarnación: Gracias a Dios que le salvo. Hay una parábola orante, ¡La roca!,algo breve pero muy significativa; que leí hace mucho tiempo en una revista, y dice así: Un minero dormía cuando de repente una luz iluminó su estancia y se le apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo par él y le enseño una gran roca dentro de una mina. Luego le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas. Y el hombre hizo lo que el Señor le pidió. Por mucho tiempo, día a día, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas…y está ni se movía. Todas las noches el buen hombre regresaba muy cansado y sintiendo que todo sus esfuerzos habían resultado en vano. Total, que empezó a sentirse frustrado, y fue cuando Satanás decidió entrar en juego trayéndole pensamientos frustrantes a su mente: “Has estado-le dijo- empujando esa roca durante demasiado tiempo y no se ha movido ni un milímetro”. Y al buen hombre le dio la impresión de lo que Dios le había encomendado era un imposible. Y se sintió una vez más en su vida como un fracasado, incrementándose en él su sufrimiento de frustración, desilusión y hasta falta de fe. Fue cuando Satanás le dijo de nuevo:

-“¿Por qué esforzarte tanto en algo tan imposible? No hagas caso de esas promesas de Dios”. El hombre pensó en olvidarse del mandato divino pero antes de hacerlo decidió elevar una última oración al Señor y confesarle sus sentimientos: “Señor,-le dijo- ya has visto cómo he trabajado duro por mucho tiempo haciéndote caso. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado?. Fue cuando el Señor le respondió con compasión y ternura: -“Querido hijo: Cuando te pedí lo que tú aceptaste, te dije que tu tarea consistía en empujar la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era…¡empujar! Ahora vienes a mí sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero, ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora: tus brazos están robustecidos y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas y endurecidas por la constante presión, tus piernas se han vuelto más capaces de sostenerte, tu carácter más sufrido. A pesar del aparente fracaso, tus capacidades ahora son mayores que las que nunca tuviste. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era sólo la de empujar y confiar en mí. Y eso lo has conseguido. ahora, querido hijo…¡Yo moveré la roca!. Algunas veces, cuando Dios nos pide algo o se lo pedimos a Él en la oración, tratamos de utilizar nuestras fuerzas o de conseguirlo exacta y rápidamente, ya que en realidad Dios sólo nos pide confianza en Él ¡Claro que la fe mueve montañas; pero al final, es Él quien logra moverlas!-

-Por eso: Cuando todo parezca que te va mal, tú sólo…¡empuja! Cuando estés agotado por el trabajo, tú sólo…¡empuja! Cuando la gente no te comprenda o las cosas no te resulten como esperabas, tú sólo…¡empuja! Cuando te sientas agotado y sin fuerzas, o con la enfermedad clavada en tus entrañas,¡tú sólo…¡empuja! ¡Y sigue orando con humildad, confianza y perseverancia!. En medio de tanta “crisis”, sobre todo de valores, queremos las hermanas de la Caridad que se nos haga justicia, nosotras como todas y todos, somos buenas y menos buenas, no todas somos malas malisimas, como las pervertidas que sustraían a los niños recién nacidos. Si sigue vigente el dicho de que “nada hay nuevo bajo el sol2, no menos hay que recordar la recomendación de Jesús de estar atentos, a esos cambiantes “signos de tiempos” que tanto influjo ejercen en toda actividad humana, incluida nuestra tarea evangelizadora. Viene todo esto a cuento de ir “hacia una nueva oración” en medio de la “crisis de valores” actual.

David: Hermana, comencemos por convencernos de que”enseñar a orar” es una pastoral urgente. Citando a nivel coloquial a maestros de oración tan contrastados como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz(doctores ambos de la iglesia, y sobre todo por esta asignatura), la primera afirmaba que “estas cosas de oración siempre fueron difíciles”; mientras que por su parte fray Juan aseguraba “haber conocido a gentes decir que tenían oración y no tenían ninguna, mientras que otras que aseguraban no tenerla, tenían mucha”.

Sor Encarnación: Pese a lo cual, la pastoral de oración sigue siendo tan escasa como imprescindible y urgente. Y ello en todas  sus manifestaciones: litúrgica, comunitaria, de pequeño grupo, y, sobre todo, personal. ¡Ya está bien de tener que rebatir y rebatir afirmaciones de firmas, por muy hondo calado sociorreligioso y mediático que tengan, que defienden tesis como las de que de que “a orar se aprende orando”; o la de que estamos sobrados de “como saber orar”, pero de lo que nos faltan ahora son “orantes”, cuando es evidente que en muchos ámbitos de la pastoral de base- sobre todo en la catequética y de iniciación cristiana-hay carencias alarmantes en lo relativo a su faceta oracional. Esta necesidad de poner en práctica, fomentar y reactualizar continuamente la pastoral de la oración cristiana, está avalada por las continuas lecciones de esta pedagogía que ocupan tantas páginas de la Biblia, de la Tradición, de la saga de los grandes “orantes”, de la Historia de nuestra Iglesia, del magisterio oficial de la misma, pasando por las que nos prestan tantos maestros de oración de nuestro tiempo, hasta llegar a los sondeos de opinión actuales en los que una alto % de creyentes, sobre todo jóvenes, confiesan que una de las principales causas por las que no oran es ” porque nadie les ha enseñado”, ni teórica, ni menos- en la práctica concreta. Sin contar nuestra humilde pero reiterada insistencia a través de nuestra atención y comunicación con los demás……

 

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